Pero con el patrimonio que no es nuestro, muchos nos permitimos desde la indiferencia hasta la falta de respeto. En sociedades como las nuestras, con un sentido de pertenencia tan acotado, el eterno intento por distinguir entre lo público y lo privado raspa con la inevitable disyuntiva en la que de un lado está lo que afecta al individuo y en el lado opuesto lo que le tiene sin cuidado. La i griega se hace compleja cuando en la vida diaria nos enfrentamos a decisiones tan sencillas como agacharnos a levantar basura que nosotros no generamos en una playa o una banqueta. Cuando optamos por no registrar los ingresos del negocio y le ofrecemos al cliente la opción de no presentar factura, cuando toleramos el uso privado de los espacios que son de todos. De cada opción me viene a la mente algún ejemplo reciente. Caminando en la calle de amores en la esquina con el Eje 6 un hombre aventó a la banqueta los restos de una torta hechos bola en una servilleta y su botella de refresco, todavía con un traguito. Le solicité que los levantara y los pusiera en algún basurero y me contestó que la calle no era mi casa, tres días después en la playa de Majahual le pregunté a una mesera porqué la playa estaba repleta de desechos, a lo que me contestó que como no se define a qué municipio corresponde Majahual, no cuentan con servicios municipales de limpieza. Hace unos días escuché a un amigo arquitecto hablar con su socio para cerrar la entrega de una remodelación, para lo que insistió que si el cliente no pedía factura, le reducían los costos.
Nadie es responsable de lo que no le pertenece. Entre las múltiples consecuencias podemos identificar al menos tres: 1) No hay reacción por pérdida. Si los senadores toman recursos para subvenciones y los distribuyen discrecionalmente, casi nadie se indigna. Tenemos una nota de primera plana del día de ayer en el Universal, que en la que el encabezado informa que “Secretarios de Estado, ministros de la Corte, senadores y diputados cuentan con seguros médicos y de vida, además de apoyos para transporte, con lo que sus ingresos anuales alcanzan entre 2 millones y casi 4 millones de pesos”. Notas como estas llenan los diarios año con año y sigue sucediendo. La asignación abusiva e injustificada de nuestros funcionarios para garantizarse sueldos y prestaciones privilegiadas, no provoca ningún arrebato social. 2) La contribución no se ve como una aportación para beneficio propio. Casi nadie de los que pagan impuestos conscientemente, es decir realizando un trámite adicional que no sea el acto automático de pagar un bien o un servicio, siente gozo alguno por sumar a los recursos y espacios colectivos. Normalmente nos asecha ese pensamiento incómodo sobre el uso abusivo que hacen los funcionarios con los recursos públicos. Como si el dinero otorgado fuera dinero perdido, pero el que no se entrega a las arcas de la nación, fuera un patrimonio que todavía puede salvaguardarse de caer en lo ajeno. 3) Muchos de los que tienen poder sobre el destino de lo público no encuentran en su justa distribución un beneficio propio. Todos los que deciden hacer crecer sus privilegios a costa de invertirlos en la redistribución de beneficios. Es porque nunca han sentido que el valor de esos recursos colectivos es un bien que también les corresponde, y porque cuando hay que darles cause privado, no se percatan de que se hacen fraude a sí mismos.
Una de las experiencias personales más frescas sobre la desvinculación que tenemos con lo público, es un encuentro que tuve con unos treinta emprendedores jóvenes de Michoacán a quienes les pedí que me enlistaran espacios o recursos del estado que sintieran que fueran suyos. Todos contestaron que no había en realidad nada que sintieran propio. Con esfuerzos dijeron que las tradiciones y las artesanías.
Entre las múltiples tareas que nos esperan como mexicanos, tenemos la de recrear un sentido de pertenencia vinculado al valor de lo colectivo. La banqueta es mía, las subvenciones son mías, las escuelas públicas son mías, los ingresos de Pemex son míos, la plaza es mía, las leyes son mías, los juzgados son míos, los árboles son míos, los museos son míos, los partidos políticos son míos, las cebras peatonales son mías, los monumentos son míos, las playas son mías, las montañas, el agua, la luz, los desiertos… México es mío. Goza alta burocracia prestaciones de lujo6 de junio de 2011José Manuel Arteaga y Andrea MerlosEl Universal
Secretarios de Estado, ministros de la Suprema Corte, senadores y diputados cuentan con prestaciones de privilegio que van desde seguros médicos y de vida hasta apoyos para transporte con lo que sus ingresos anuales alcanzan entre 2 millones y casi 4 millones de pesos
Salarios, prestaciones, gratificaciones y bonos de la burbuja de funcionarios en el poder son cada día más onerosas. Con recursos públicos y con normatividad en mano, se les pagan pólizas médicas de primer nivel, seguros de vida millonarios, apoyos para transporte carretero, aéreo, despensa, gasolina, comidas y hasta las canastas navideñas. En un recuento, con base en cifras del Diario Oficial de la Federación (DOF), se revela que desde el Presidente de la República, secretarios de Estado, diputados, senadores y hasta los ministros de la Corte firman recibos llenos de prestaciones privilegiadas que los hace acumular millones de pesos. Por ejemplo, los ministros reciben anualmente 3 millones 808 mil 918 pesos, los diputados casi 2 millones de pesos, y los integrantes del gabinete casi 3 millones de pesos. Dependencias federales Los secretarios de Estado son hombres y mujeres privilegiados: a sus percepciones mensuales se suman seguros, ayudas económicas para gasolina y automóvil, entre otras. Según el “Manual de Percepciones de los servidores públicos de las dependencias y entidades de la administración pública federal”, para 2011 los encargados de una secretaría de Estado reciben, sólo por salario, 205 mil 122 pesos mes con mes; al año, habrían percibido 2.46 millones de pesos. De acuerdo con datos del DOF, los funcionarios tienen un salario bruto de 32 mil 813.14 pesos, más una compensación garantizada de 172 mil 308.91 pesos, lo que suman 205 mil 122 pesos, sin prestaciones adicionales a las establecidas. Los secretarios tienen un seguro de vida por 1.3 millones de pesos, que resultan de multiplicar 40 veces su sueldo bruto. La ley prevé que el gobierno pague hasta la prima de la póliza, en caso de utilizarse el seguro, expone Hacienda. “Los seguros se otorgan con el fin de coadyuvar a la estabilidad económica, seguridad y bienestar de los servidores públicos”, detalla. En el texto se explica que los integrantes del gabinete tienen a su disposición 5 mil 730 pesos mensuales para consumo de combustibles y lubricantes. Un seguro de retiro de hasta 25 mil pesos y un seguro de gastos médicos mayores con una suma asegurada de al menos 333 salarios mínimos generales mensuales vigentes en el Distrito Federal, por alrededor de 500 mil pesos. Tienen dos seguros adicionales: de responsabilidad civil y asistencia legal, y el de separación individualizada. A todo lo anterior, se suma para los secretarios un aguinaldo de 40 días, y una indemnización por fallecimiento, independientemente del seguro de vida, por hasta cuatro meses de las percepciones, es decir, por más de 800 mil pesos. Una de las prestaciones que saltan de entre las estipuladas en el DOF, es la del pago por uso, mantenimiento, desgaste y necesidades de los automóviles particulares de los funcionarios que usen para trabajar. “Podrán optar por un apoyo económico para cubrir los gastos de mantenimiento, combustible, lubricantes, seguros y depreciación del vehículo que sea de su propiedad y utilice en el desempeño de sus funciones, siempre y cuando no cuenten con vehículos asignados por la dependencia o entidad. Deberán presentar una solicitud firmada, y documentación que acredite la legal propiedad del vehículo. “Se pagará 75% de automóviles por hasta 275 mil pesos. Los servidores públicos podrán solicitar que el apoyo económico que vienen recibiendo se les sustituya para otro vehículo que acrediten sea de su propiedad y que pretendan utilizarlo en el desempeño de sus funciones”, explica. Ministros de lujo Los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tienen percepciones anuales por 3 millones 808 mil 918 pesos. Sin embargo, a diferencia de la escala común de los salarios de los altos funcionarios, los ministros no han incrementado su sueldo en tres años. Según el “Manual que Regula las Remuneraciones para los Servidores Públicos del Poder Judicial de la Federación” para el Ejercicio 2011, publicado en el DOF, cada ministro percibe un sueldo mensual básico de 175 mil 858 pesos, a lo que se suman percepciones nominales por 69 mil 77 pesos, lo que suma 244 mil 935 pesos. Adicionalmente, los ministros tienen una prima vacacional anual de 58 mil pesos, un aguinaldo de 329 mil 898 pesos y un “pago por riesgo” de 481 mil 799 pesos por año. De este modo, el sueldo anualizado alcanza los 3 millones 808 mil 918 pesos. El sueldo es el mismo para los 11 ministros, incluyendo al ministro presidente. De acuerdo con lo publicado en el DOF para el año 2011, “las percepciones de los ministros, consejeros, magistrados de Sala Superior y Regionales no tendrán incremento”. Los ministros de la Corte tienen los mismos seguros y prestaciones —el de vida, el de gastos médicos y el de retiro—, “cuya prima, así como las de su cónyuge e hijos o, en su caso, su concubina o concubinario o pareja del mismo sexo, en términos de las disposiciones aplicables, son cubiertas por las dependencias y entidades”, se explica en el documento. Entre curules y escaños En el Poder Legislativo, los senadores los diputados federales tienen una larga lista de prestaciones, muchas oficiales y otras más discrecionales, pero aún cuando se entregan bajo el consentimiento de los coordinadores parlamentarios, son legales pues dejan abiertas puertas para el manejo de más de 8 mil millones de pesos cada año. Son 128 senadores que perciben una dieta mensual de 121 mil 900 pesos, a la que se suman prestaciones garantizadas para su trabajo legislativo por 263 mil 337 pesos por igual para todos. Por norma reciben aguinaldos de 40 días equivalentes a más de 150 mil pesos, y una gratificación de fin de año de casi 30 mil pesos, con base en datos del “Manual de Percepciones de los Senadores”, publicado este año en el DOF. Los senadores se administran con sus líderes de bancadas que reciben anualmente subvenciones listas para utilizarse como mejor convenga. En el caso de los 500 diputados, todos reciben en los primeros 10 días de cada mes una dieta base de 75 mil 631 pesos, más prestaciones para asistencia legislativa de 45 mil 786 pesos, y para Atención Ciudadana por 28 mil 722 pesos. Estas dos partidas salariales sólo son verificadas en el Partido Acción Nacional, pues los obligan a presentar facturas de sus casas de atención en los distritos, o informes del trabajo que hacen. Los diputados federales, al igual que los senadores de la República Mexicana, y que la esfera de funcionarios del Poder Ejecutivo y del Judicial tienen seguros de vida y médicos de muy amplia cobertura, pues en caso de que un legislador muera en un accidente aéreo hay una indemnización por arriba de los 5 millones de pesos. Por representar a los estados, los legisladores reciben ocho boletos de avión en periodos de sesiones, y cuatro en receso, a quienes vivan a más de 300 kilómetros de distancia de la ciudad de México, mientras que a los que viven más cerca les depositan entre 3 mil pesos por vivir en la misma delegación de la sede, y hasta 10 mil pesos a quienes se trasladan a Querétaro, por ejemplo. |