CONSTRUYAMOS JUNTOS UNA MEJOR SOCIEDAD.
Partidocracia y neoanulismo
La sociedad civil mexicana ha ganado varias batallas democráticas, pero va perdiendo la guerra contra los partidos políticos.
Por: Agustín Basave, Director de Posgrado de la Universidad Iberoamericana
EL UNIVERSAL
Por: Agustín Basave, Director de Posgrado de la Universidad Iberoamericana
EL UNIVERSAL
jueves 2 de junio de 2011.
Mala puntería. Cuando el movimiento del voto nulo detonó la energía social, por ejemplo, el tiro de inconformidad de los anulistas fue a dar en la periferia del blanco partidocrático. No los culpo. Los tiempos no les permitían exigir cambios a las reglas electorales, que no penalizan a los partidos por el abstencionismo o por los sufragios anulados. Si en un distrito de 250 mil electores 249 mil 994 de ellos anularan su voto pero tres votaran por el PRI, dos por el PAN y uno por el PRD, el candidato priísta se convertiría en diputado con todas las de la ley y su dirigencia, junto con la panista y la perredista, recibirían completo el subsidio del IFE, igual que si la votación efectiva hubiera sido del 100% del padrón. Por eso la protesta preocupó a los partidócratas, pero a fin de cuentas no logró acercarlos a la ciudadanía.
En España acaba de ocurrir algo similar con el 15-M. Los indignados tomaron las calles, dispararon un escopetazo petitorio al establishment español y acabaron beneficiando al Partido Popular. Un grupo de jóvenes de izquierda propició el triunfo de la derecha. No quiero decir que allá o acá se haya fracasado; el solo hecho de haber creado semejante masa crítica es un triunfo. Lo que digo es que debe darse el siguiente paso para obligar a los partidos a ser verdaderos instrumentos de la sociedad. En México, concretamente, el "anulismo" podría reorganizarse en las redes sociales para presionar por una agenda legislativa como la siguiente: 1) atar las prerrogativas a la participación electoral (menos votos, menos dinero para los partidos); 2) culminar la aprobación de la iniciativa ciudadana y las candidaturas independientes (y una reglamentación que las haga viables); 3) facilitar la creación de nuevos partidos (aumentando su rendición de cuentas para acabar con las franquicias familiares). Tres balas rasas. Se articularía un movimiento amplio, se negociaría el apoyo a una o varias bancadas partidarias a cambio de que legislen esta agenda en 2012 y si no cumplen se tomarían las plazas.
Evitemos equívocos. Los partidos son indispensables en la democracia contemporánea, y no se trata de desaparecerlos sino de renovarlos o, si no tienen remedio, de crear otros. Y seamos precisos en la crítica: desprestigiar a las instituciones democráticas es abrirle el paso al autoritarismo. Despotricar no contra los partidos existentes o contra la forma en que funciona un Congreso, sino contra la existencia misma de partidos y congresos, pavimentó el camino a autócratas como Alberto Fujimori en Perú y Silvio Berlusconi en Italia. Nuestra democratización no está trunca porque tengamos políticos, sino porque la inmensa mayoría de los que tenemos brillan por su mezquindad y no se les cobra la factura. No hay transición sin generosidad, y ante la ausencia de liderazgos a la altura de los tiempos ha de ser la sociedad la que implante la democracia participativa, sustituya el partidarismo de juego suma cero por uno que ceda en aras de un nuevo régimen, incentive la movilidad de la clase (que no casta) política e impida que se vuelvan a presentar los impresentables.
El poder, por su naturaleza, no es comedido: es expansivo. Tiende a ejercerse hasta el límite de lo contraproducente. No se minimiza el abuso de los poderosos reemplazándolos con ciudadanos que, si no cambiara el sistema, acabarían aislándose, retirándose o corrompiéndose. En este país urge encarecer el alejamiento social de las élites partidistas, crear las condiciones para que sea mayor el costo que el beneficio de las que solapan a los corruptos. Y para lograrlo es imperativo tener una ciudadanía activa, vigilante, que exija los cambios legales pertinentes y rechace a quienes los evadan. Si se ejerce la presión suficiente con los objetivos adecuados, la partidocracia va a ceder. No traga lumbre.
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